III


Se había levantado más tarde de lo habitual, tenía un cansancio en los huesos, su rostro comenzó a desfigurarse y lo consumía la visión de sí mismo... Había hablado con Mariel, la había visto nuevamente en la ventana, su sonrisa lo perturbo...

Mariel tenía miedo.- Pensó, y comenzó a reír compulsivamente.

Recordó la conversación de noches atrás... Lloró amargamente.

La mato, verdaderamente la mato.

sin la sola idea del grito persiguiéndola eternamente, Mariel, la silente, corría desnuda por el campo azul.

Te amo, gritaba. Te amo... desesperadamente.

¡Deja de mirarme que tengo miedo por la puta!, tengo miedo de tus besos de tus ezqui-sitos besos.

Te amo, mi cielo, te amo aceleradamente... corría desnuda por la calle azul, mientras veía el papel.


Mariel, cierra los ojos ¡Ciérralos!


Huele a humedad y mariel está sentada en a ventana mirando el mundo, un niño pasa sobre una carreta tirada por dos caballos, observando detenidamente el puesto de comida que esta frente a la casa. hay olor a alimento para gatos pero nada la conmueve... está suspendida en una absoluta y consumida abtracción sentimental.

Descompone uno a uno el estado de la tristeza hasta que ya no la siente, hasta no palparla, un estado de vacio que nos hace olvidar y consumirnos en la nada.

Había perdido entonces la capacidad de sentir, la había aprendido a apagar cosa que a muchos de nosotros nos gustaría, jugaba entre una aparente fragilidad y se descomponia en una absurda frialdad.

Así creció la niña, esa que a los 9 años, se escondia para llorar, ahora a los 15 años se esconde de sí mísma, absorta por una eliptica sensibilidad y una singular ambivalencia.

Su vida parece plana, no rie mucho, no conversa mucho, no comparte mucho, tiene problemas para socializar dijeron. sobre todo despues que golpeo a una de sus compañeras de colegio. preferia sentarse sola y ella no le ententendio, es que la gente no entiende si le dicen no me hables.

Sentada en la ventana se ve un papel que se mueve guiado por el viento, con una extraña firmeza y una fijación. no desea cambiar de dirección, se fortalece con el viento para lograr ir donde desea.

Mariel sale de la ventana, es tarde debe haber pasado toda la tarde allí, observando. Se acuesta a dormir y lo logra con facilidad.

\\...Inicios...//


Así estaba cuando todo comenzò... o incluso desde antes como si lo presintiera... escondida... escondida como niña tras sus pequeñas manos, como si estas pudieran sostenerla, si no te veo no me ves... si no te veo no me ves... pero no fue así, por más que la inocencia lo pidiera, miles de veces los sueños se rompen, son como alas de mariposa, esas que con un roce pequeño, se descaman... y jamás pueden volver a volar... así fue entonces, como aquel suceso rozo sus alitas de mariposa y no pudo volver a volar... por mucho que pareciera que lo hacia... tenía 8 años y había perdido a su madre... su padre estaba solo con la sombra que lo acompañaba por las noches y los miles de recuerdos... que lo torturaban y lo amordazaban cada día... lo perdieron... lo alejaron, se terminaron entonces las risas... se esfumaron los juegos... no le dio tiempo la muerte, de aprender a andar en bicicleta... de ir a pescar... de jugar ... juntos... ... los sueños... se guardaron junto con los vestidos... los recuerdos junto con las fotografías, los juegos en los zapatos... y se avandonaron por mucho tiempo en la oscuridad humeda del sufrimiento que provoca el tratar de olvidar.
las manos cubriendo los ojos... para llorar, para esconder ese dolor... para esconderse... hay que ser fuerte decía... hay que crecer,- le decía su padre... tenemos que ser fuertes y crecer juntos... ya no más juegos... no rías, no sueñes... no saltes no hagas ruido... no me la recuerdes... ... crece, niña , crece... ella no va a volver... no llores más... no llores más...

y así fue... faltando 2 meses para cumplir los 9 años... nunca más derramaron lágrimas sus ojos... ni para despedirse... ni para desahogarse... ni para querer... ni para gritar.