Se había levantado más tarde de lo habitual, tenía un cansancio en los huesos, su rostro comenzó a desfigurarse y lo consumía la visión de sí mismo... Había hablado con Mariel, la había visto nuevamente en la ventana, su sonrisa lo perturbo...
Mariel tenía miedo.- Pensó, y comenzó a reír compulsivamente.
Recordó la conversación de noches atrás... Lloró amargamente.
La mato, verdaderamente la mato.
sin la sola idea del grito persiguiéndola eternamente, Mariel, la silente, corría desnuda por el campo azul.
Te amo, gritaba. Te amo... desesperadamente.
¡Deja de mirarme que tengo miedo por la puta!, tengo miedo de tus besos de tus ezqui-sitos besos.
Te amo, mi cielo, te amo aceleradamente... corría desnuda por la calle azul, mientras veía el papel.
Mariel, cierra los ojos ¡Ciérralos!


