Huele a humedad y mariel está sentada en a ventana mirando el mundo, un niño pasa sobre una carreta tirada por dos caballos, observando detenidamente el puesto de comida que esta frente a la casa. hay olor a alimento para gatos pero nada la conmueve... está suspendida en una absoluta y consumida abtracción sentimental.
Descompone uno a uno el estado de la tristeza hasta que ya no la siente, hasta no palparla, un estado de vacio que nos hace olvidar y consumirnos en la nada.
Había perdido entonces la capacidad de sentir, la había aprendido a apagar cosa que a muchos de nosotros nos gustaría, jugaba entre una aparente fragilidad y se descomponia en una absurda frialdad.
Así creció la niña, esa que a los 9 años, se escondia para llorar, ahora a los 15 años se esconde de sí mísma, absorta por una eliptica sensibilidad y una singular ambivalencia.
Su vida parece plana, no rie mucho, no conversa mucho, no comparte mucho, tiene problemas para socializar dijeron. sobre todo despues que golpeo a una de sus compañeras de colegio. preferia sentarse sola y ella no le ententendio, es que la gente no entiende si le dicen no me hables.
Sentada en la ventana se ve un papel que se mueve guiado por el viento, con una extraña firmeza y una fijación. no desea cambiar de dirección, se fortalece con el viento para lograr ir donde desea.
Mariel sale de la ventana, es tarde debe haber pasado toda la tarde allí, observando. Se acuesta a dormir y lo logra con facilidad.

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